lunes, 20 de marzo de 2017

Mi primer Brevet - 200Km Jadraque GDC Pueblo Nuevo

Aunque tenía la bicicleta revisada, el viernes por la mañana, víspera de la Brevet de Jadraque, me da por pensar que si se me rompe el cable del cambio o de un freno las iba a pasar mal. Como se me meten estas cosas en la cabeza y, aunque sepa que llevo bien los componentes, no me puedo quitar el pensamiento, me fui a comprar un cable de freno y otro de cambio para llevarlo "por si acaso". Seguro que se pudren en la bolsa del sillín, pero me quedo más tranquilo

En la salida del domingo anterior en una mala frenada en una bajada en Navalcarnero me bloqueó la rueda trasera al pasar un bache o algo así. El miércoles revisé la cubierta al hacer rodillo y no aprecié que estuviese en mal estado. Pero el viernes por la noche, al dar presión, vi un corte de algo menos de medio centímetro en diagonal en la cubierta. No sé si se acentuó al hacer rodillo, al dar presión o ya estaba y no lo vi. El caso es que ya no había remedio al estar todo cerrado para comprar una nueva.

Por suerte guardaba una de las que había sustituido y, aunque era de 23 en lugar de 25, estaba en buen estado y pude hacer el apaño. Monté la cubierta de 25 delantera en la rueda trasera, para llevar el culo más cómodo, y en la rueda delantera puse la cubierta de 23. No sé si esto es correcto o no, pero así quedó el tema. Realmente, de no haber tenido la cubierta antigua, me habría arriesgado a salir con la cubierta rajada poniéndola delante y reforzándola por el interior con unos trozos de cámara, que creo que aguanta menos peso y no tiene el esfuerzo adicional de la tracción. Una vez desmontada la cubierta rajada, prácticamente no se detecta el corte.

No sé si será una sugestión mía, pero noté las manos más doloridas y a ratos adormecidas a lo largo de la Brevet que en las salidas normales. Creo que la cubierta  de 23 tuvo su parte de culpa. Ya noté mejoría en cuanto a comodidad cuando sustituí las de 23 por las de 25.

Como conclusión no creo que vuelva a comprar las cubiertas Michelin Pro4 Endurance, que eran las que llevaba montadas. Y no por este incidente. Desde el principio la rueda trasera me dio muchos problemas pinchando continuamente con ella, cuando en teoría era más resistente de lo habitual a los mismos.

Engrasé la cadena y, ya para terminar, le cambié las pilas al sensor de cadencia y al medidor de frecuencia cardiaca.

Preparé la bolsa del manillar con las cosas que iba a llevar. Además de la documentación, eché una batería para recargar por USB el móvil; un frontal por si me oscurecía; el chubasquero y los guantes cortos.

En cuanto a comida quería llevar los suficiente para, en el peor de los casos de no poder comer en los sitios por los que pasase, pudiera alimentarme. Así que eché tres barritas; tres geles, uno de ellos con cafeína; dos bolsas con orejones de albaricoque de 100 gramos cada una; un paquete de Haribos; dos medios sandwichs (pese a Sheldon Cooper) de jamón y queso; un plátano y unas galletas tipo barquillo con chocolate. Me sobró un gel; una barrita; los Haribos y una bolsa de orejones.

El último tema por resolver era el de la vestimenta. Aunque la previsión era buena, en estas fechas igual te puedes helar que asar. Decidí salir con culotte corto, aunque eché al coche unas perneras "por si acaso", que se quedaron en el maletero. Para la parte de arriba una chaquetilla y un chaleco. Junto con guantes largos arranqué.

En la salida de Algete hacía un frío que pelaba, tres grados de temperatura marcaba el medidor de la bici. Después de pasar el control y recoger la Brevet para ir sellando (y esperar en la cola incorrecta de los que no habían hecho la suscripción con antelación y repetir fila), tocaba esperar a que diesen la salida a las ocho. Me entretuve rodando arriba y abajo de la calle, como muchos otros, para ir entrando en calor.

El de la derecha soy yo, mirando a saber qué.
Foto del G.D.C. Pueblo Nuevo.
A la hora de afrontar la Brevet tenía muy claras dos premisas: terminar y no reventar, aunque ésto último supusiese rodar a mi ritmo en solitario, algo a lo que estoy acostumbrado en mis salidas los fines de semana. El tiempo que hay para completar los doscientos kilómetros, trece horas y media, es más que suficiente (esto lo digo ahora, a caballo pasado, aunque ya me lo habían comentado). En cuanto a las paradas no tenía nada previsto, salvo los controles. Y, quitando un par de veces que paré para constatar que iba bien en la ruta (en una me perdí, ya contaré más adelante), esas fueron las únicas veces que eché pie a tierra.

Mi vista al empezar a rodar. Ya quedaba menos para regresar
A las ocho empezaron a decir que podíamos salir a rodar. El grupo que primero salió parecía que les perseguían para cobrarles impuestos. Salí a continuación de ellos y en la segunda rotonda les perdí de vista.

Durante los primeros veinte kilómetros veía ciclistas a lo lejos de vez en cuando, pero nadie por detrás. Pasado el Casar empecé a pensar que me había equivocado de desvío porque dejé de ver ciclistas a lo lejos, aunque me había estudiado la ruta varias veces con anterioridad y estaba seguro de haber hecho el giro correctamente. Por suerte, cuando empezaba a pensar en parar a comprobar, me alcanzó un grupo de tres ciclistas: dos chicos y una chica del GDC Pueblo Nuevo y lo primero que me salió después de saludar fue "menos mal, pensé que me había perdido", dejando claro mi nivel como guía. Llevaban un ritmo bastante bueno para mi y les dije que si me podía pegar a ellos un rato, me dijeron que todo el mundo era bienvenido, hasta yo. Eso es que no me conocían.

Les acompañé durante otros 20 kilómetros más o menos, a un ritmo sobre los 28 ó 30 km/hora que me iba fenomenal sin forzar y sin dar tirones. A rueda aproveché para comerme una bolsa de orejones.

A la altura de Matarrubia, más o menos, nos alcanzó otro grupo que venía más ligero y empezaron los tiras y aflojas. En una rampa pegaron un par de tirones y me quedé. Tenía claro que no iba a forzar si ello suponía salirme de mi punto. Me fastidió perder la rueda de los tres ciclistas que tan bien iban. Continué en solitario.

Subiendo a Torrebeleña. Bonito paisaje.
Foto del G.D.C. Pueblo Nuevo.
Pasado Fuencemillán di cuenta del plátano sobre la marcha y continué hasta Jadraque, lugar de control en el que había que sellar.

Cuando llegué había bastantes ciclistas que acababan de llegar y estaban desayunando. Un compañero, del que no recuerdo su nombre (menuda cabeza tengo para los nombres) y para el que era su segunda Brevet me indicó que tenía que poner la hora y que en el bar me sellaban. Pedí unas tostadas con aceite y tomate y un café con leche a lo que uní medio sandwich de los que llevaba y un par de galletas. Kilómetro 83, 25 hasta el próximo control en Brihuega y 120 hasta el final. Hice reset a la cabeza como si comenzase ahora una ruta habitual de fin de semana.

Tenía previsto llegar una hora más tarde de lo que lo hice, lo cual deja claro que calculé muy mal los tiempos, no que fuese especialmente deprisa o despacio.

Media hora después de llegar me puse en marcha. Cambié los guantes largos por los cortos y guardé el chaleco en la bolsa del manillar.

Sabía que de Jadraque se sale subiendo. Desde abajo se veía el castillo y pensaba para mi que ojalá no tuviésemos que subir hasta allí. Y es cierto, la carretera pasa por el cerro de enfrente y va más alta que el castillo, o al menos a su altura. En mis salidas ya he tomado por costumbre no parar antes de una subida. Luego me cuesta horrores arrancar de nuevo una vez que me quedo frío y además mis rodillas se resienten mucho. Empecé a desear controles en alto.

Subiendo poco a poco pasé una fuente y seguí ascendiendo con el grupo de ciclistas, que habían salido un poco antes que yo, una revuelta por encima mío. Al pasar la ascensión llegué a Miralrío, lugar que no olvidaré. Me pasé el cruce y seguí de frente por una carretera que no era la adecuada. Era muy recta y me empezó a escamar no ver a ningún otro ciclista en la lejanía ni tampoco por detrás. Así que cuando llevaba unos 2,5 kilómetros por allí decidí parar a consultar en el móvil por dónde narices estaba. No me mosqueé en exceso, la verdad.  Tocó desandar lo andado intentando ir ligerito hasta el pueblo y tomar la carretera correcta.

Fuerte bajada hacia Utande y luego a subir de nuevo. No me di cuenta de esto último hasta que empezaron a pesarme las piernas. Creí que me estaba dando una pájara y es que aquello había empezado a picar para arriba y yo no había quitado desarrollo al aparato y seguía en modo bajada libre. En cuanto ajusté, a subir de nuevo tranquilamente.

Me estaba empezando a gustar aquello.

Uno de los tramos más aburridos fue el que transcurría pasado Muduex hasta Brihuega. Una interminable recta de unos nueve kilómetros, con algún repecho, como sobre la vía del A.V.E. y los coches pasando muy deprisa. Además el viento hacía acto de presencia, ligeramente, pero lo suficiente como para incomodar un poco. Se me hizo largo y aburrido este tramo.

Brihuega, control en el bar de la gasolinera y debí ser el único tonto que se hizo la rotonda en lugar de usar la entrada que había antes. Ciclistas que estaban y ciclistas que salían y otros que llegaban.  Unos comiendo con tranquilidad en una mesa. Tenía la sensación de que iba sólo y de los últimos y parece que no era así. Una vez que sellé me apetecía tortilla de patatas. La camarera, muy simpática y amable, me dijo que no tenían y la verdad es que no me apetecía comerme un bocadillo. Además el mismo ciclista que me aconsejó como sellar en Jadraque me dijo que los bocadillos eran enormes. Así que pedí una Coca Cola Zero y me comí en una mesa al Sol el medio sandwich que me quedaba; las últimas galletas con chocolate y un gel. Y a rodar.

25 minutos de parada y justo cuando ponía a rodar, hacía lo propio otro ciclista del G.D.C. Pueblo Nuevo y me puse a su rueda. Llevaba un buen ritmo soportable para mi aunque rápido, pero no como para haberle podido pasar y darle rueda. A los diez kilómetros, en un repecho, le perdí antes de llegar a Torija. A lo lejos le veía que seguía indicándome los obstáculos en la carretera (grava; baches; etc.) pensando que seguía a rueda. Me lo encontré en el siguiente control y le di las gracias. Incluso más adelante, a falta de unos 20Km para llegar al final, creo que me sobrepasó de nuevo (me pareció la misma persona al menos) y me ofreció rueda pero le dije que no podía seguir su ritmo y que continuase. Yo seguía teniendo las cosas muy claras: quería terminar sin reventar. El último o el penúltimo, me daba igual.

Desde Torija quedaban unos 25 kilómetros hasta el siguiente punto de control en Humanes de Guadalajara. Un tramo con una fuerte bajada y un par de repechos más adelante. Llegué a Humanes y sellé el cuarto control del día. Ahí ya me apetecía comer. En el bar de sellado pedí tortilla (una vez más) y me dijeron que todos pedíamos lo mismo y que no tenían. Que había bocadillos, pero que estaban saturados y que tardarían mucho en hacérmelo. Así que Coca Cola Zero de nuevo y no entraba en mis planes estar esperando y llevaba alimento en la bolsa para aguantar el día. Me puse a rodar de nuevo y me empecé a comer otra barrita sobre la bici. Quince minutos de parada.

En Humanes, sin tortilla.
Sesenta kilómetros me separaban del final. Pero ahora empezaba la fiesta y yo no lo sabía. Además las rodillas se pusieron de acuerdo para llamar mi atención y empezaron a doler un poco. Nada fuera de lo normal por otro lado, algo que me suele suceder antes en las salidas habituales.

De Humanes a Mohernando subida y luego bajada rápida hasta Yunquera de Henares. A partir de aquí  y hasta Viñuelas un continuo sube y baja atravesando Málaga del Fresno. Por una carretera en la que sólo me pasó el coche de apoyo del G.D.C.P.N. Las subidas y repechos se continuaban. Llegó un momento en que me fastidiaba descender, porque sabía que luego vendría una subida más fuerte y larga.

Aún así me encontraba bien y fuerte y, aunque a ritmo lento y constante, fui haciendo kilómetros subiendo por la carretera entre unos bonitos paisajes, sencillos, muy verdes y dignos de fotografiar. Pero no era el momento de echar pie a tierra para ello.

Fue el tramo que más duro se me hizo, especialmente el repecho final hasta Viñuelas, en el que me pasó un grupo de ciclistas. A partir de aquí era recorrer el mismo camino de la ida.

Creo que este era el penúltimo (o no) repecho antes de Viñuelas.
Perseguido por un grupo y sin saberlo :-D
Foto del G.D.C. Pueblo Nuevo.
Aquí ya quedaban 30 kilómetros para finalizar, me encontraba bien, no sobrado, pero cada vez veía más cerca el objetivo. Eso sí, cada pequeña rampa se notaba en las piernas.

Después de sobrepasar Valdenuño llegué a un cruce y seguí, pero la duda de si había que tomar el desvío o no se metió en mi cabeza y paré al poco para comprobar. Ya no estaba la cosa para regalar kilómetros a las piernas. Aproveché para tomarme un gel. Aquí incumplí una de las normas breveteras que es no tomar nada que no hayas probado antes. Llevo consumiendo geles de Isostar tiempo, pero los últimos los compré de otra marca porque los de Isostar son muy muy dulzones y además creo que provocan unos gases terribles. En los poco menos de cinco minutos que paré pasó el coche del Pueblo Nuevo que me preguntó si todo estaba Ok. le dije que sí y continué dando pedales de nuevo. Desde poco antes los mosquitos u otro insecto volador similar se habían apoderado de la carretera en pequeñas nubes e iban impactando contra mi cara, así que boca cerrada.

Sobrepasé el Casar y en Valdeolmos me alcanzaron dos ciclistas, otra vez del Pueblo Nuevo, me puse a rodar con ellos hasta el final y a conversar. Un rato de lo más agradable. Uno de ellos lleva haciendo Brevets desde el 99. Referentes.

Y así llegamos al final, al polideportivo de Algete, pasando antes por Fuente el Saz.

Y se acabó. Con mis dos acompañantes finales.
Foto del G.D.C. Pueblo Nuevo.
Me enseñaron que se da la enhorabuena a los demás ciclistas por haber completado la Brevet y me invitaron a acompañarles a tomar una cerveza con ellos. Algo que hice muy gustosamente después de sellar la Brevet.

Mi primer Brevet terminado :)
El recorrido en Strava


Algunas cosas soltadas sin orden ni concierto:

No pinché ni una vez ni tuve ningún problema mecánico con la bicicleta.

Esta, aunque es una bicicleta barata del Decathlon (Triban 500), se ha mostrado fiable, dentro de sus limitaciones. La comodidad no es una de sus virtudes. Y el desviador delantero es bastante limitado, con tendencia al roce de la cadena en cuanto la cruzas un mínimo. Esto no es nuevo, ya lo conocía desde que tengo la bicicleta hace año y medio. Yo lo ajusto para que me permita cruzar a mi gusto del plato medio hacia piñones grandes, penalizando lo contrario. Eso sí, lleva tres platos y soy un eterno agradecido al pequeño de ellos.

El sillín llevo tiempo pensando en cambiarlo. Llevo un Selle Italia Randonneur y acabé con el trasero algo perjudicado. Mi idea es pillar un Brooks más adelante. Ya veremos.

El tiempo fue muy bueno. Salvo el frío inicial en Algete, luego se templó el día, llegando a una temperatura de unos 26 grados a media tarde.

Consumí unos tres litros de líquido. Litro y medio con polvos isotónicos y otro tanto de agua. Además del café y las dos Coca Colas. No sé si es mucho o es poco, pero me encontré bien así, no paré de beber con asiduidad.

En algún punto me comí otra barrita sobre la bicicleta, pero no sé dónde.

La bolsa del manillar, una Topeak cojonuda, me vino de perlas. Aunque la mayoría de los ciclistas que vi no llevaban bolsa más grande de la típica de sillín, en ningún momento me arrepentí de llevarla. Muy al contrario. Me vino fenomenal.

El ritmo cardiaco lo mantuve controlado, con una media de 133 pulsaciones (sobre el 75% de mi límite) y un máximo de 163.

Cada vez me gustan menos las bajadas, acumulo mucha tensión en la espalda. Y luego hay que subir :-D

Tengo que entrenar más la potencia. Me cuesta mucho subir, más bien me cuesta subir con más velocidad. Pero llego.

Terminé físicamente bastante mejor de lo que pensaba y peor de lo que me habría gustado xD. Por comparar, terminé más cansado en una salida hace unas semanas con la gente del Pakefte en la que hicimos unos 150 kilómetros. Estoy convencido que mi planteamiento de no forzar en ningún momento y preferir ir sólo a salir de ritmo para ir acompañado me ha favorecido. Rodé unos 160 kilómetros en solitario.

Que terminase mejor de lo que pensaba no quiere decir que terminase fácil ni sobrado. De hecho cuando arranqué no tenía la certeza de poder terminar. El último tramo de diez kilómetros me vino fenomenal ir bien acompañado.

Mis agradecimientos a la gente del G.D.C. Pueblo Nuevo por organizar esta Brevet y por el trato que me dieron todos con los que tuve el gusto de hablar. Espero verles en más eventos como este.

También para la gente del Pakefte, por todos los consejos que me han dado desde su experiencia.

Varias de las fotos que ilustran este texto las sacaron desde el coche de apoyo del G.D.C.P.N. En su álbum de Facebook las podéis ver todas. Las hay fantásticas.

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