sábado, 18 de febrero de 2017

Preparando mi 200K

El pasado año 2016 me marqué como objetivo  con la bicicleta hacer una Brevet de 200 Km. en 2017. Va llegando el momento e intento prepararme lo mejor posible para ello, siendo consciente, cada vez más, de la dureza de algo así y de que no tengo ni idea de como se preparan estas cosas e intento leer sobre ello y dejarme aconsejar lo máximo posible.

Un primer paso fue comprarme al comienzo del otoño pasado un rodillo para poder entrenar en casa. Creo que esto fue un acierto  que le ha dado calidad a los entrenamientos. Aunque los primeros meses me dediqué a hacer sesiones una o dos veces por semana de 45 minutos, sin hacer grandes esfuerzos, noté mejoría poco a poco en cada salida a carretera. Ahora mismo llevo el mes haciendo tres sesiones semanales, con series (cuatro si no salgo a rodar el finde por las inclemencias meteorológicas).

Recomendado por Javier, estoy "siguiendo" (más o menos) el plan de entrenamiento en rodillo (I, II, III, IV, V y VI) de Chema Arguedas, que publicó en "Ciclismo a fondo" Es algo que requiere tiempo  y es por ello que indico que lo sigo de aquella manera. Sobre esto no voy a comentar mucho porque no tengo demasiada idea del tema para ir repartiendo consejos y a quien le interese es mejor que lea los artículos.

También he salido a rodar algunos kilómetros, y en menos ocasiones de las que habría deseado, con el variopinto grupo del Pakefte, que han tenido a bien permitir que un aspirante a ciclista dominguero como yo comparta ruta con ellos. Me ha servido sobre todo para intentar madurar un poco en cuanto a ritmos, evitar arrancadas (pese a Josu :-D), etc. Espero rodar mucho más con ellos.

Dado que comienza la temporada de Brevets, el miércoles hice una salida más larga de lo habitual, de 150 Km. para ver las sensaciones que tenía sobre la bici y probar cosas nuevas. Además llevaba ya tres semanas sin salir a rodar, haciendo solo rodillo, gracias a las lluvias de fin de semana.

El día anterior a salir hice planes hasta tarde, como el Equipo A, para pasar de ellos totalmente al día siguiente según planté la cala en la calle. La ruta que había diseñado era relativamente sencilla, por zonas que conozco en la mayor parte del recorrido. Quería ir hasta Mondéjar (ver la ruta en Plotaroute) pero también llevaba tiempo con la idea en la cabeza de ir hacia la sierra de Madrid, y encaré la rueda delantera de la bici hacia El Escorial, ruta que ya había estado mirando también. La verdad es que salí tarde a rodar y no tenía claro que me fuese a dar tiempo a realizar el trayecto antes del anochecer.



Me había marcado una premisa muy clara: no apretar en la primera parte del recorrido para dosificar energías o, como dicen los que saben de esto: "Empieza como un viejo y acaba como un joven" (o algo parecido)

Así hice y cuando me quise dar cuenta ya estaba a la altura de Navalcarnero. Después de terminada la ruta y mirando los números en Strava vi que había hecho varios PR's en los tramos hasta Navalcarnero sin intención de ello y sin sentirme forzado en ningún momento.

La idea era parar en Sevilla la Nueva para alimentarme. Me encontraba bien y continué hasta Brunete (47 Km y sobre las dos horas rodando). Paré lo justo para comerme una barrita y unos orejones de albaricoque (ya entraré en esto más adelante) Me encontraba tan bien que, en un alarde de fantasma total, me planteé que una vez llegado hasta el Escorial igual podía tirar hasta Guadarrama, subir el puerto del mismo nombre, bajar y regresar en tren hasta casa. Que atrevida es la ignorancia.

Seguí camino a Valdemorillo, cuya subida tiene su aquél, y me planté a la entrada de el Escorial. Pero la gracia, para mi al menos, era llegar hasta el mismo Monasterio. El desconocimiento o ignorancia (o que no es lo mismo ir en coche que en bici) hizo que me encontrase, a unos cientos de metros de llegar, con un maldito empedrado que no sé si hará bonito o no, pero que es una gran faena para la bici. Pensé que se me desmontaba y creo que todavía me vibra el cerebro. Sin contar con que pica cuesta arriba que da gusto. Y ya si te pillan semáforos en rojo subiendo atrancado es como para lanzar una traca.

En El Escorial. Un día de playa.

Foto de rigor en la lonja y ahí tenía que tomar una decisión importante. Era tarde, quedaban tres horas y media de luz aproximadamente (y no llevo luz delantera) y no quería que se me hiciese de noche regresando a casa.

Por supuesto lo de subir al puerto de Guadarrama lo había descartado muchos kilómetros atrás, con el golpe de realidad de las subidas de Valdemorillo y El Escorial. Como no lo he intentado, no sé si habría sido capaz de hacerlo, pero queda como reto para otro momento (y con ganas).

La segunda opción era seguir la ruta por algunos pueblos de la sierra hasta completar los kilómetros que quería hacer (dirección Guadarrama pasar por Cercedilla para terminar bajando por Navacerrada pueblo hasta Villalba, por ejemplo, y regresar a casa en tren.

Y la opción inicial que era regresar a casa por el mismo camino por el que había venido. Para esto tenía que salir pronto y no relajarme con el ritmo. El lado positivo es que lo duro en la ida lo tenía ahora cuesta abajo. Como no podía perder mucho tiempo buscando un lugar donde comer un bocadillo, di cuenta de otra barrita energética, los orejones que me quedaban y emprendí camino de regreso.

Al principio me costó encontrar el ritmo y algún repecho se me hizo duro, pero poco a poco me iba encontrando mejor dando pedales, y aunque fui reservando y economizando pedaladas, sobre todo en cuestas abajo (empezó a soplar un ligero pero apreciable viento de cara desde la bajada de Valdemorillo), a la altura de Navalcarnero había decidido parar para volver a alimentarme y afrontar la subida desde el río Guadarrama hasta Griñón sin miedo a que me diese una pájara. Me apreté un gel, cambié los cristales de las gafas por los transparentes y, listo de mi, me di cuenta de que iba muy corto de agua. Así que me tocó internarme en el pueblo para buscar una tienda y comprar. En un establecimiento de chinos un croissant bañado en chocolate me hizo ojitos desde su estante y no me pude resistir.

El resto del camino, salvo una parada por unas obras en la carretera, justo antes de una subida, vaya casualidad, me encontré bien, cansado eso sí, pero con buenas sensaciones.

Me quedaba, como parte "dura" la subida desde el río Guadarrama hasta Griñón. Me pasó un ciclista como si le persiguiese alguien, y me dio un poco de envidia sana, la verdad, pero seguí con la premisa de no forzar (aunque tampoco habría sido capaz de alcanzarle ni en mis mejores pensamientos) Otra vez viendo a posteriori los datos del tramo en Strava, vi que había marcado PR's de nuevo.

Cuando llegué a Griñón, otrora punto de inflexión en mis salidas ciclistas, me encontraba bastante bien (esto es por decir algo, me encontraba mejor de lo que yo esperaba en ese momento) y mis cálculos sobre la luz eran correctos e iba a llegar a casa iluminado por el astro rey.

En la salida de Griñón en la M-405 me pasaron otros dos ciclistas y ahí me vine arriba y me dio por apretar detrás suyo (total, lo que quedaba hasta casa era prácticamente cuesta abajo y muy mal se me tenía que dar ya) Aguanté unos 300 metros de persecución y solté para recuperar.

Unos pocos Km. más y llegada a Parla. En el camino habitual a casa me dio por desviarme, no sé debido a qué, y darme una vuelta por el carril bici, ampliando algún Km. el paseo.

Las sensaciones fueron buenas. Disfruté del bonito paisaje de la sierra y de sus olores. De las subidas en Valdemorillo a trote borriquero. Me quedé con la sensación de que podría haber seguido rodando más. No sé si hasta los 200K. De hecho cuanto más cerca está el evento y más consciente soy del esfuerzo que requiere, más dudas tengo sobre si lo terminaré o no.

Las cosas que fui probando o que he observado:

La primera era probar el comportamiento de la bicicleta con la bolsa de manillar que he comprado para llevar lo necesario en la Brevet. Una Topeak Tourguide. La llené con unas cuantas cosas para hacer peso: un chaleco; el chubasquero; los guantes de frío que te pelas; una batería para cargar el móvil o cualquier gadget; barritas; geles y demás porquería ingerible.



Al principio se me hizo raro ir con ese peso extra en el manillar. Cualquier leve presión en el mismo repercutía en la dirección. Pero con el paso de los kilómetros me fui acostumbrando e incluso con un poco de viento en contra que tuve al regresar no me supuso inconveniente. En las zonas bacheadas (puñetera subida y posterior bajada hasta el Monasterio de El Escorial por el empedrado) se notó muy estable. Así que prueba superada.

Luz sólo llevo trasera, una Bontrager bastante buena, pero que compré para las salidas habituales, que con cuatro o cinco horas de autonomía sobra. Tiene modo luz de día y la verdad es que te ven bastante. La activé en la parada de Brunete (se me había olvidado encenderla según salgo de casa, que es lo habitual aunque me vino bien) y cuando regresaba y estaba por Griñón entró en modo ahorro de energía, parpadea más lento y con menos intensidad, pero llegó al final.



Tengo que hacerme con luz delantera para estos casos.

Otra cosa que quería probar era la alimentación. En las salidas habituales suelo aguantar con una barrita energética y la parada del café y el pincho de tortilla. En casos excepcionales, si me noto que me estoy quedando vacío, me aprieto un gel.

La idea inicial era hacer una parada como a hora y media de salir para comer algo. Comer a mitad de camino algo sólido y otra parada a la vuelta. En parte lo cumplí con variaciones como he relatado anteriormente.

Respecto a la comida, he descubierto los orejones de albaricoque. El otro día haciendo la compra los vi en el estante y me dio por mirar la información nutricional (desviación que tengo desde que me puse a régimen) y vi que tenían un alto aporte de hidratos, que vendría bien. Me eché 100 gramos para la salida en bici.



También quería probar las barritas energéticas. Aunque había probado las de la marca Powerbar anteriormente con sabor chocolate y no me gustaron en exceso, le di una oportunidad a las de sabor a plátano de la misma marca. Me gustaron bastante más. Me comí dos en total: una a la ida en Brunete y otra al llegar a El Escorial. Acompañadas con los orejones, mitad de ración en cada parada.


Valores energéticos de las barritas

En Navalcarnero un gel Energy de limón marca Isostar para dar el empuje final.

Además, durante la ruta, me bebí un botello de Isostar (al que voy a llamar Pedostar por su facilidad por crear gases en el cuerpo humano) Tengo que probar otras marcas por este motivo. Además del agua corriente.

En total ingerí aparte del desayuno antes de salir y del capricho del croissant unos 195 gramos de carbohidratos.

Según este artículo orientativamente por mi peso necesito reponer unos 42 gramos de CH por hora. Igual fui algo justo, pero en ningún momento me encontré mal.

Lo que si eché de menos es algo salado. Todo lo anterior es dulzón y para las próximas ocasiones tengo que equilibrar.

La bici, pese a su humildad, se portó y espero no tener problemas con ella en la brevet.

El móvil con Strava falló registrando la ruta entre Sevilla la Nueva y Navalcarnero, que volvió a enganchar. Un año de estos, cuando sea guapo y rico, tengo que hacerme con un GPS para la bici.

Hasta la fecha es la distancia más larga que he rodado en bicicleta y lo más lejos que me he ido desde el punto de partida.

Y poco más. Cada día que resta para llegar a la Brevet tengo +1 de incertidumbre y acojone :-D

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